Las pisadas de nuestros pasos

Retratos en papel con bordes cincelados, emociones en rostros que el tiempo aún no dañó, paisajes en los que varias generaciones han convivido codo con codo, sin llegar a cruzarse de alguna forma. Estos paisajes en blanco y negro en los que yo también me crié, en color. Desde el mismo lugar, ¿se escribe el mismo relato? El de los sentimientos, del vivir, del sentir. Si las campanas de la iglesia y los relojes siguen sonando el tiempo, también cuentan la efímeridad de nuestros pasos.
Representar el cuerpo en sus sentimientos es una tarea difícil. La sensación de un beso que a uno le gustaba dar en una mejilla ahuecada por las arrugas, desvanece el recuerdo de la piel lisa de un retrato de juventud. En cierto modo, el cuerpo brota bajo el rocío del amanecer y florece, luego se marchita cuando los últimos rayos del sol se esconden en la noche. ¿Es lo mismo para el recuerdo? ¿Puede morir el recuerdo o el recuerdo subsiste?
La flor es una poderosa matriz que produce aire y fruta. Es la vida. Acompaña nuestras bodas, bautismos, comidas de domingo y duelos. Empapela las paredes de las casas de nuestros antepasados. Simboliza el amor en toda su belleza y fragilidad. Preservada, la flor encarna poéticamente la memoria.
Finalmente, seguimos marchándonos. En cada desaparición, morimos un poco más. ¿Pero el recuerdo sería eterno? Sí, como escribió Jorge Luis Borges: “el tiempo es la suma mecánica del pasado, del presente y del futuro”, la eternidad sería la simultaneidad de estas capas, porosas, que se comunican entre sí. Una estratificación de emociones y testimonios. Caminos infinitos que corren en todas las direcciones.
Pasos que hacen crujir las hojas muertas y dejan atrás el murmullo de los recuerdos. Acumulados en una caja, o en los estantes de esas casas con olor a naftalina y lavanda. Que guardamos para un día transmitirlos. A veces olvidados, a veces transformados en poesía visual. Las pisadas de nuestros pasos es un proyecto vivo, en florecimiento, que reúne la imagen encontrada y la imagen de hoy, desde el mismo lugar, bajo una mirada diferente. Collages florales y temporales, archivos familiares y contemporáneos, para interrogar el tiempo, el espacio, las emociones y la huella que dejamos en la memoria.